fuente : diarioDirecto.com
01/04/2005
Hay algo contra lo que nada puede el infamante vídeo de Aznar : el inmenso alivio que la mayor parte de la ciudadanía siente por haberse quitado de encima, literalmente de encima, a semejante personaje. Pero también hay algo que se lastima sin remedio a consecuencia de esa pieza de propaganda deliberadamente subversiva: la esperanza de recuperar, tras los broncos y sectarios años de su mandato, la convivencia política en los términos de cortesía, tolerancia y respeto que le son indispensables a una sociedad plural y democrática como anhela ser, superando el cainismo para siempre, la nuestra. A saber perder sólo enseña la sabiduría, de modo que nadie puede esperar del presidente de la FAES que sepa, pero sí podía esperarse de él que, en su condición institucional de ex-presidente del gobierno, se abstuviera de atacar mendaz y violentamente el fundamento mismo de la democracia, de la misma que en su día le aupó a él mismo al poder: la suprema dignidad del voto, expresión de la voluntad popular.
Imbuido en su raquitismo político de una percepción desmesurada de su propia valía, su vanidad herida no parece hallar alivio sino en el resentimiento, un rencor que le impide concebir la pérdida del poder como fruto normal del designio de las urnas, de la voluntad de los ciudadanos. Para él, para su vídeo, los españoles no estaban en su sano juicio cuando votaron contra su política, sino demenciados por la intoxicación de un plan diabólico urdido por el actual presidente, que se valió, eso dice sin que se le caiga la cara de vergüenza, de la matanza del 11-M para desplazarle del poder e instituir un gobierno casi connivente con el terrorismo. Si cuando criminalizó a los nacionalistas logró que, por reacción a su discurso torvo, se multiplicara el número de éstos, ahora, con su panfleto calumnioso, ha conseguido que hasta los más escépticos con el actual gobierno se vuelvan incondicionales de éste. ¿Y todavía se pregunta éste político absurdo, abrasado en el infierno de no reconocer sus errores, por qué perdió? |